El Poderoso Gobernador del Cauca
En el Cauca ya nadie se engaña: la Gobernación no es un cargo público, es una maquinaria que unos pocos se pasan de mano en mano como si fuera un negocio familiar. Temístocles Ortega le abrió la puerta a Óscar Campo, Campo se la pasó a Elías Larrahondo y Larrahondo se la entregó a Jorge Octavio Guzmán. Así, sin interrupciones, sin sorpresas y sin verdadera competencia.
Lo que venden como “continuidad” no es más que el uso descarado de la plata pública, los contratos y los puestos para garantizar que el poder se quede en las mismas manos. Alcaldes, candidatos al Concejo, presidentes de JAC y supuestos líderes sociales hacen parte de esa red. Su trabajo es manipular a la gente, venderle un candidato como si fuera la salvación y cobrar en especie: un contrato, una placa huella, un empleo o plata directa en el bolsillo.
Hoy Octavio Guzmán es el hombre más poderoso del departamento. Con contratos, obras y burocracia logró arrastrar más de 55.000 votos para su candidato a la Cámara, Édgar Gómez, del Partido Liberal. Ahora controla el Liberalismo en el Cauca y tiene la maquinaria tan bien armada que cualquier aspirante a la Gobernación que no venga de su círculo está prácticamente muerto antes de empezar.
Así como Octavio caminó el Cauca repartiendo burocracia y una multimillonaria contratación de vías y placas huella para conseguir votos para Édgar Gómez, de la misma manera va a empezar a recorrer el departamento para armarle el camino a su futuro candidato a la Gobernación. Y a los que creen que el Pacto podrá ser un rival de verdad, se equivocan. En las elecciones regionales y locales termina siendo mucho más fuerte y contundente la burocracia y los negocios que se hacen con la plata de todos los impuestos.
Decir que la gente vota libremente es una burla. Mientras el gobernador de turno reparta recursos públicos para comprar lealtades y aplastar rivales, la democracia en el Cauca no pasa de ser un teatro. El poder se concentra, se hereda y se defiende con la plata de todos, y el que quiera competir de verdad se encuentra de frente con un muro de clientelismo casi imposible de tumbar.









