“Las verdades del IVA en los bienes de la canasta familiar” David Barguil

En medio de la polémica que ha generado la presentación de la reforma tributaria, llamamos la atención sobre una tarea pendiente que no podemos pasar por alto. Es momento de revisar con lupa la conveniencia de las exenciones, exclusiones y tarifas preferenciales que nuestro régimen de IVA actualmente reconoce. En materia de IVA existen tratamientos preferenciales que cuestan mucho y que en poco o nada ayudan a los colombianos de menores ingresos; y mientras tanto, muchos productos de primera necesidad que hacen parte de la canasta familiar están siendo gravados incluso con la tarifa general.

Producto de las frecuentes reformas tributarias que se han aprobado en los últimos años en el país, hoy tenemos un grave problema: a las listas de bienes exentos, aquellos gravados con tasa cero y con derecho a devolución del IVA pagado en la compra de insumos; y a las listas de bienes excluidos, aquellos que no están gravados pero que no tienen derecho a devolución, se les han ido incluyendo demasiados artículos, al punto que se plantean serios cuestionamientos acerca de si un listado tan amplio y costoso en términos de ingresos dejados de percibir por el Estado, realmente cumple el objetivo socioeconómico que pretende.

De una parte, ciertos alimentos que rara vez son consumidos por los colombianos de menos ingresos tienen tratamientos preferenciales innecesarios. Los camarones y los langostinos, por ejemplo, no son productos de primera necesidad pero actualmente tienen un tratamiento de exentos de IVA que, como ya explicamos, no sólo implica que la tarifa del impuesto es 0% sino además que sus productores tienen derecho a que se les devuelva el impuesto a las ventas que pagaron en su cadena productiva. De otra parte, existen servicios como los de medicina prepagada que se gravan al 5%; aunque tales servicios tienen externalidades positivas en materia de salud, la realidad es que los mismos son utilizados por colombianos de estratos altos por lo que cabe preguntarnos si con estos beneficios no estamos haciendo aún más regresivo el impuesto.
Si bien conceder beneficios a ciertos productos en principio no es un problema, si lo es cuando terminamos castigando a bienes de primera necesidad que los pierden. Hoy artículos como el café, la avena, las harinas, el chocolate de mesa y las pastas, que son de primera necesidad y que sí deberían estar exentos del impuesto, ya tienen una tarifa del 5%; y otros no menos importantes como los aceites, el papel higiénico y los pañales, que también hacen parte de la canasta familiar, se gravan con la tarifa general del 16% por lo que su consumo afecta gravemente el bolsillo de las familias colombianas.

El tema ha tomado tales proporciones que la Comisión de Expertos resaltó la manera en que varios estudios han determinado que cerca de la tercera parte del gasto en bienes exentos es hecho por el 10% más rico mientras que el 10% más pobre apenas responde por el 3,1% de este gasto. Aquello demuestra que en el modelo actual poco se está haciendo por reducir la regresividad intrínseca del impuesto y que las listas de bienes exentos y excluidos terminan es beneficiando a los más acaudalados y no a los que menos tienen.

¿Qué debe hacer el Gobierno al respecto? La salida en nuestro criterio debe empezar por cerrar filas en torno a la defensa de los bienes básicos de la canasta familiar. Debemos lograr que todos estos bienes efectivamente sean tratados como excluidos o exentos, y que se compensen las necesidades de recaudo revisando con lupa la función que están cumpliendo ciertas exclusiones y exenciones que benefician a los hogares de mayores ingresos. Quienes en el afán de recaudo sostienen que es necesario gravar con el IVA a algunos productos básicos de la canasta familiar, desconocen las enormes necesidades económicas que padecen los colombianos más pobres.

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