“La Contrarreforma tributaria II” Abelardo de la Espriella

Como lo señalé en mi anterior artículo, Colombia no requiere una reforma tributaria estructural, sino más bien de un rediseño total del Estado y todas sus dependencias. Para ello, es fundamental estructurar una planeación estratégica, mínimo a 100 años. Es la única forma de evitar que la plata se pierda por la corrupción y el manejo improvisado de los recursos. Es así como aparece nuevamente en el escenario la necesidad de una constituyente, que, desde los cimientos mismos de la arquitectura institucional, implemente un sistema viable y exitoso para el manejo adecuado de la cosa pública, y que, además de ello, redistribuya el presupuesto de manera coherente y acertada.

En desarrollo de la planeación estratégica que propongo, deben definirse todas las obras civiles por ejecutarse, el diseño de nuestras ciudades, las vías y sistemas que las conectan, los depósitos de agua y distritos de riego, la construcción de planteles educativos, así como también la concepción de políticas serias de educación, desarrollo agrario, prestación de servicios de salud y administración de justicia, necesarias para salir del lodazal en el que nos encontramos como nación y como sociedad. Todo lo anterior pensando en el presente, pero, sobre todo, en el futuro.

En vez de organizar la casa y planificar la acción estatal, el gobierno Santos busca cobrar más impuestos. Gravar con tributos exagerados a las pocas empresas que medio funcionan, a la construcción de vivienda social, a la clase media, a los asalariados, es nefasto. Un IVA del 19% nos vuelve inviables en todo sentido. La poca inversión extranjera que queda huirá espantada: una empresa en Colombia paga más del 70% de su utilidad. ¡Increíble!

Analizando nuestra realidad en cifras, no necesitamos gravar con más impuestos a los mismos de siempre: el salario de la clase media debe ser sagrado (de ese rubro depende gran parte del sustento económico nacional); tampoco se debe aumentar la carga de las empresas (de lo contrario, cerrarán o se irán del país, y con ellas el empleo y la inversión).

En las actuales circunstancias, cualquier recurso que se capte del pueblo colombiano indefectiblemente irá a parar a la caneca de la basura, por la desorganización, la improvisación y la corrupción rampantes. Hagamos cuentas: nos gastamos al año $50 billones en pago de intereses y mantenimiento de una deuda, que se volvió una maldición; 40 billones se lleva la corrupción, y 100 billones, entre la evasión y el contrabando de petróleo, arroz, azúcar y textiles, entre otros productos, para un total de 190 billones.

No hay que afectar a la gente de bien; hay que perseguir a los bandidos que se roban la plata pública, a través de la conductas ilegales aquí descritas. Con ese dinero, tenemos para hacer una revolución social nunca antes vista.

Como siempre, seguimos mirándonos al ombligo y buscando el muerto río arriba.

La ñapa I: Que triunfe la razón y el odio sea derrotado. Hillary, presidenta.

La ñapa II: Mientras el país está sumido en una crisis política y social de dimensiones bíblicas, el presidente se pasea por Londres con la reina de Inglaterra. Una vez más quedan demostradas cuáles son las verdaderas prioridades de Santos.

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